Ese cerebro suavizado me tiene enamorado

Ese cerebro suavizado me tiene enamorado

Desperté canturreando la canción. Una canción lenta, de grupo indie de chavales, con muchas comparaciones de mecánica de coche. Al desperezarme solo quedaba el verso: ese cerebro suavizado me tiene enamorado. El resto se lo llevó el sueño (una pena, creo que habría sido la canción del verano).

Al intentar recordar el resto de la canción caí en algo. Un cerebro liso es un cerebro que no piensa. Los chavales le cantaban su amor. Curioso, la complejidad no se impone, lo estéril seduce.

En el post anterior, con la extinción de la duda, el juicio propio podía seguir el camino del triceratops. Me entró la curiosidad por la manera en que decidimos. ¿Cómo se decide bien? ¿Se puede entrenar? ¿qué pasa si dejamos de hacerlo?

Todos conocemos a alguien brillante que es tiene una capacidad asombrosa para tomar las peores decisiones. Keith Stanovich lo nombró: disracionalidad. Un CI alto puede ser tu peor enemigo si tu intuición errónea es más rápida que tu raciocinio.

Ese freno tiene un nombre técnico: función ejecutiva. Se compone de tres piezas:

  • Control inhibitorio: controlar los impulsos.
  • Memoria de trabajo: aguantar varias opciones a la vez sin que se caigan.
  • Flexibilidad cognitiva: adaptación al cambio si cambian los datos.

En un coche serían el freno de mano, el volante y la caja de cambios. Sin ellos y 300 caballos... te estampas en la primera curva.

Cerrado solo por vacaciones

Imaginemos un negocio que pierde dinero. Un año, dos, cinco. Las cuentas están claras, el dueño lo sabe perfectamente. Pero no cierra. "Con todo lo que le he metido..."

Se llama la falacia del coste hundido: seguir invirtiendo porque ya hemos invertido. No hay cura; sabemos que es más provechoso cerrar, pero cerrar obliga a decir en voz alta «me equivoqué», y a mucha gente le duele más que perder dinero.

Los neuropsicólogos tienen un test que lo identifica en condiciones de laboratorio: el Wisconsin Card Sorting. El paciente debe clasificar 128 cartas que tienen 3 variaciones, formas (triangulo, cruz, circulo y estrella), color (los 4 del parchís) y número (del 1 al 4). El evaluador te indica que tienes que emparejar pero no te dice como, solo te dice correcto o incorrecto. Una vez llevas 10 aciertos cambia la regla, pero no te avisan. Mucha gente sigue aplicando la antigua, aunque falle una y otra vez. Se llama perseveración.

O sea, el negocio que no se cierra, pero en formato baraja.

Las 40 columnas

Mi favorito. Una persona va a comprar coche y hace un Excel: consumo, potencia, maletero, seguro, valor de reventa, coste de mantenimiento a cinco años... cuarenta columnas. Ponderadas. Va al concesionario y se compra el que le vende el comercial.

Menudo gilipollas (siempre y cuando no te pase a ti). ¿Por que pasa esto?

Antonio Damasio estudió a pacientes con una lesión en la zona prefrontal que conecta razón y emoción. Razonaban perfectamente, pero analizaban las opciones durante horas. Y no conseguían decidirse. Sin la emoción que introduce un sesgo "esto me importa más que aquello", no existe criterio de parada.

El comprador no hace cuarenta columnas porque sea riguroso. El problema es que no sabe que es lo qué le importa. El Excel no decide nada, es el soporte de la tranquilidad. Y en el concesionario el vendedor le da lo que le falta a la hoja, una emoción.

Barry Schwartz clasifica en dos grupos de personas: maximizadores (buscan la mejor opción posible) y satisfactores (fijan un umbral y eligen lo primero que lo cumple). ¿A que no adivinas quien decide antes?

El cerebro como caché

En la extinción del juicio describí como un cerebro entrenado rellena los huecos de información sin que nos demos cuenta, y que a eso lo llamamos intuición. Ahora lo llevo a mi terreno, y usando esa misma intuición sospecho que funciona como una caché (La caché es una técnica informática para no tener que recalcular una operación realizada recientemente, el problema de la técnica es que las condiciones pueden cambiar con lo que el cálculo mostrado puede ser erróneo).

Kahneman habla de dos sistemas. El sistema 1 es rápido, automático y barato. El sistema 2 es lento, consciente y caro. Enfrentarse a situaciones diferentes es ir llenando la caché de experiencias para que el sistema 1 resuelva solo, sin tener que consultar al 2 cada vez.

La intuición está apoyada por Gary Klein que estudiando a pilotos y bomberos y constató que no comparan opciones: reconocen patrones en las situaciones y sacan de su memoria la respuesta correcta. Un cache hit de libro.

El problema de la caché es invalidarla para saber cuando hay que regenerarla por que el resultado no es válido. Kahneman y Klein escribieron juntos un artículo en el que describían que la intuición solo resulta fiable en entornos controlados (es decir: siempre y cuando los datos de origen no hayan cambiado).

Con esto en mente parece que las piezas van encajando:

  • No cerrar en negocio es servir datos caducados. Sin invalidación de caché
  • En el juego de cartas el sistema 1 devuelve la respuesta equivocada, es cache poisoning.
  • Las 40 columnas no tiene el calculo hecho, por lo que es un cache miss. y es el vendedor quien acaba calculándola.

La función ejecutiva no es la caché, es la invalidación. Saber cuando no fiarte de tus experiencias previas y reflexionar. La caché se llena con experiencia de cada dominio de tu vida. La invalidación es general, es lo que se entrena.

Caché fría

Ahora metemos a la IA en el juego. Cada duda resuelta al instante, no genera caché, y la invalidación no se entrena, por que no hay nada que invalidar.

Todo funciona genial, hasta el día en que no puedes usarla, en un examen, sin batería, sin red... has matado la costumbre de decidir, ahora eres un inepto. Llega un vendedor... 

volviendo al sueño, en la mecánica de un motor, las paredes de un cilindro se bruñen, tienen a propósito una rugosidad en forma de rombos para que retengan el aceite y los segmentos asienten. Cuando el cilindro se vitrifica y queda liso, pierde compresión. El motor sigue funcionando, pero ya no empuja.

Un cerebro suavizado, gira fino, demasiado fino. Ya no empuja.

Rectificar

Cuando un cilindro se vitrifica, la solución es rectificarlo: se le vuelve a dar rugosidad. Me gusta la palabra, sirve para admitir un error.

La buena noticia es que la función ejecutiva se puede entrenar. La mala es que no con aplicaciones típicas de "gimnasia cerebral", esas mejoran el juego y poco más. Lo que si funciona es, sobre todo en niños, todos aquellos juegos con reglas fijas que requieren un poco más de autocontrol. Se puede hacer en casa con juego simbólico planificado, el niño dibuja el plan antes de empezar a jugar y tiene que respetarlo. También valen otras opciones como el teatro, deporte, música, artes marciales o un "Simón dice" con las reglas invertidas.

Y para los que ya peinamos canas (o no podemos peinarlas), hay unos cuantos hábitos:

  • Criterios de eyección por adelantado, antes de que exista el ancla. "Si en un año no factura X, cierro."
  • Umbral en vez de óptimo. Decide qué punto es suficiente y quédate con lo primero que cumpla.
  • La pregunta de reset: si empezara hoy desde cero, ¿elegiría esto?
  • Premortem: imagina que han pasado dos años y salió mal. ¿Por qué?
  • Diario de decisiones: apunta qué sabías y qué esperabas, para juzgar luego la decisión y no el resultado.

Y la que menos utilizo como padre, mostrar que me equivoqué en voz alta. "Pensé que era buena idea, no lo fue, voy a cambiarlo." Si en casa equivocarse no es una amenaza a tu identidad, soltar el negocio que no funciona cuesta mucho menos.

No se trata de dejar la IA, la uso a diario. Se trata de ser consciente de lo que delegas y la consecuencia de dejar de dudar.

Un poco de fricción, por favor. Que el triceratops necesita agarre.

También en: IndieNews

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