Existen dos tipos de personas: aquellas que aún no se han caido de la silla al probar la ia y las que ya se han caido.
Me voy a centrar en los segundos. Siguen cayendo.
A los primeros los vamos a llamar «Tranquilos» y a los segundos «Emociojonados».
Desde la irupción de la IA los todo el mundo que la ha probado ha recibido una hostia, como resultado oscilamos entre dos extremos -o habitamos ambos simultaneamente- acojonados y emocionados. Me suelo situar en el segundo dado mi gusto por el cambio.
La pregunta del titular es tramposa. Por que no estoy seguro de que esto sea como una gripe, que se pasa y vuelves a estar como antes. ¿Existe una fecha límite? Estoy convencido de que llegaremos a acostumbrarnos a la sensación. Es lo que a partir de ahora podremos denominar estado normal.
Como reconocer a los afectados
El ciudadano Emociojonado se reconoce por una serie de hábitos bastante particulares:
- Se muestra ansioso por cada novedad, la muestra a todo aquel con el que habla e intenta contagiar su propio estado. Los destinatarios se suelen mover entre aplaudir o santiguarse. Suele ir acompañado de un silencio de varios segundos antesde de reaccionar. Hay que dejar al cerebro comprender la diferencia entre magia y tecnologia.
- Vive instalado en una Beta perpetua. Los productos terminados son cosa del pasado. Esperar a la version 1.0 es la manera más segura de quedarse fuera del tablero.
- Repite dos frases, que son en mayor medida intercambiables: «Esto se va a cargar mi trabajo» y «esto lo cambia todo». No las dice como chascarrillo, las dice por que así las siente y en un mundo estático son ciertas.
- Prueba todo lo que en el tiempo diario es posible tocar, haciendo una cuidadosa selección entre las que prevee que pueden producirle más sorpresa. Sabe que en quince días será obsoleta, con muy pocas excepciones.
Hasta que finalmente deja de fiarse de su propio asombro, por que el pensamiento de «esto no dá más de si» resulta erroneo con una asiduidad que lo obliga a reestablecer los cimientos cada día.
Por qué esto no es una fase?
Aquí es donde toca ponerse serios un momento.
Otras revoluciones tecnológicas tuvieron aterrizaje. Internet nos deslumbró, y luego se volvió invisible: dejamos de pensar en el navegador como un milagro y empezamos a usarlo como quien usa el grifo. Lo mismo el móvil: hubo un shock inicial —la pantalla táctil, el mundo en el bolsillo— después, normalidad. El asombro tiene fecha de caducidad porque el objeto que lo provoca deja de moverse. Se estabiliza, lo interiorizamos, seguimos con nuestra vida.
Con la IA no está pasando eso, y creo que hay tres razones de fondo.
La primera es el ritmo. El tiempo que tardamos en asimilar una capacidad nueva es más largo que el tiempo que tarda en aparecer la siguiente. No es que el asombro no remita: es que no le da tiempo. Cada vez que el umbral de sorpresa empieza a subir, alguien lo resetea.
La segunda es el ámbito en el que aplica. Internet cambió cómo accedíamos a la información. El móvil cambió dónde. La IA no toca un canal: toca el cerebro que crea el ambito. Se mete en cómo escribimos, cómo decidimos, cómo programamos, cómo diseñamos, cómo argumentamos. No es un electrodoméstico nuevo en la cocina; es que la cocina entera se está reconfigurando mientras cocinas.
La tercera es que no hay un punto de llegada visible. Con el móvil sabíamos más o menos hacia dónde iba la cosa: más pantalla, más conexión, más apps. Con la IA no hay un «así va a quedar esto» al que aferrarse. Lo cual significa que el estado Emociojonado no es un síntoma de adaptación lenta. Es un estado inercial.
Vivir en Emociojonado permanente
Tomando como cierta la premisa anterior, hay una consecuencia: nos obliga a movernos, es una competencia que hay que desarrollar.
Durante mucho tiempo hemos tratado el vértigo como un problema temporal —algo que se resuelve cuando por fin «le coges el truco» a la herramienta nueva. Pero si la herramienta no para de cambiar, esperar a que se te pase el vértigo para empezar a rendir es esperar indefinidamente. La gente que mejor le está sacando partido a esto no es la que ha dejado de sentir vértigo. Es la que ha aprendido a operar con él puesto, como quien aprende a trabajar con el pulso acelerado en vez de esperar a que baje.
Esto parece más a una postura que una técnica: soltar la necesidad de dominar la herramienta antes de usarla en serio, aceptar que vas a estar equivocado sobre sus límites de forma regular —por exceso y por defecto—, y tratar la desactualización constante como el estado por defecto de cualquiera que esté prestando atención.
No es cómodo. Pero es sostenible de una manera en que la espera al aterrizaje no lo hace.
Y los Tranquilos?
Quedan los Tranquilos, los que no se han caído de la silla. Cabe preguntarse si son ingenuos o si son los únicos cuerdos: los que han decidido no subirse a una atracción que no se sabe cuándo para.
Yo, de momento, sigo cayéndome. Y empiezo a sospechar que ese es el punto.